Mio Ichihara se masturba furiosa con su juguete rosa en VR
‘Voy a hacer que te arrepientas de haberla tocado antes que yo’ —le escupí al chuparle el cuello mientras mi polla ya estaba tan dura que dolía. Esa perra de labios carnosos y tetitas pequeñas había pasado el día jactándose de lo bien que la cogneó su ex, así que ahora era mi turno de mostrarle cómo realmente se usa un coño apretado. Le arranqué el short de algodón rosado que llevaba, dejando al aire su pussy completamente depilada, brillante de jugos. ‘Mira cómo gotea, putita’ —le dije mientras le metía dos dedos hasta hacerla gemir, sus muslos temblaban cada vez que los movía en círculos sobre su clítoris inflamado. ‘¿Te gusta que te lo toque así o prefieres que te meta el consolador?’, le pregunté mientras le acercaba el juguete de látex rosa que había comprado especialmente para humillarla. Cuando se lo emboqué hasta el fondo, escuché ese gemido agudo que tanto amo, el de cuando una mujercita como ella no aguanta ni un segundo más. ‘Dile a tu ex qué tan bien te lo hice’ —susurré mientras la tomaba de la cintura y le clavaba el juguete una y otra vez, el sonido de la carne contra látex resonando en todo el cuarto. ‘Quiero verte correrte pensando en mí’ —ordené, y por fin la vi arquearse, su pecho subiendo y bajando mientras el orgasmo la sacudía. Sus piernas se cerraban convulsivamente alrededor de mi mano, pero no le permití que se cerrara, la obligué a mantenerlas abiertas para que viera cómo chorrea su coño bien follado. ‘No te vas a mover’ —le dije mientras le quitaba el juguete empapado de sus fluidos y me lo llevaba a la boca para probarla. ‘Quiero que sepas quién realmente te conoce’ —le susurré al oído mientras mi polla ya no aguantaba más y la penetraba de una estocada, sintiendo cada pliegue de su vagina como si fuera la primera vez. ‘Así se hace’ —le dije mientras la embestía sin parar, sus gritos cada vez más altos, hasta que sentí que todo su cuerpo se tensaba y sus paredes vaginales me apretaban como un tornillo. ‘Córrete, perra’ —le ordené, y fue entonces que la vi explotar, sus jugos bañándome la polla mientras su cuerpo se convulsionaba bajo el mío. ‘¿Te gustó?’ —le pregunté mientras le sacaba la polla húmeda de su coño y le dejaba un reguero de flujo caliente en el vientre. ‘Ahora sabe a quién pertenece esto’ —le dije mientras le untaba su propia humedad en los labios, obligándola a probarse. ‘Guárdalo para mí’ —le susurré mientras mi leche caliente le goteaba sobre el pecho, marcando su piel como mía. ‘La próxima vez que te toque otro, le cuentas esto’ —le advertí mientras me limpiaba la polla con su tanga que le había arrancado. ‘Y que sepa que no le llega ni a los talones’ —le dije mientras me abrochaba el pantalón, dejando su cuerpo tembloroso y mojado en la cama. ‘Eres mía’ —fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta, sabiendo que nunca volvería a mirar a otro como me miró a mí. En más de 15 minutos de escena, aprendió quién realmente la domina.