MILF morena de tetas grandes se masturba y empotra el culo
La morena de curvas explosivas ya llevaba rato frotándose el coño sobre el sofá mientras se miraban fotos suyas en el móvil, con esa ropa interior de encaje que se le marcaba en las tetas enormes y el culo prieto. Él no pudo resistirse y se acercó por detrás, le bajó el tanga negro y le metió dos dedos en el coño bien mojado mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja murmurando cosas sucias que le hicieron gemir más fuerte. Ella se arqueó contra él, empujando el culo hacia atrás para que esos dedos gruesos le abrieran bien el coño y le rozaran el clítoris hinchado, sintiendo cómo el líquido le resbalaba por los muslos. Él no aguantó más y se sacó la polla dura como una piedra, que le temblaba al ritmo de los jadeos de ella, y se la clavó de una embestida hasta el fondo del culo sin piedad, escuchando cómo gritaba de placer mezclado con dolor. Las tetas le rebotaban sin control mientras él la empotraba contra el respaldo, cada envite le hacía clavar las uñas en el cuero del sofá y soltar chorros de jugos por todas partes. Él le agarró los pechos desde atrás, apretándole los pezones duros mientras le susurraba al oído que se iba a correr dentro de su culo estrecho, y ella no paró de gemir que sí, que se lo diera todo aunque le partiera el coño en dos. La polla le entraba y salía del culo empapado, dejando un rastro de babas blancas cada vez que se retiraba, mientras los muslos de ella temblaban sin control y el coño le chorreaba sin parar. Cuando sintió que ella iba a correrse, se la sacó de golpe, le dio la vuelta y se la tragó entera de un tirón, ahogándose con esos pechos gigantes que le tapaban la cara mientras le chupaba el clítoris como un loco. Ella se corrió gritando, con los muslos apretándole la cabeza y las caderas moviéndose sin freno, y él no desperdició ni una gota de esa corrida espesa que le resbaló por la garganta antes de levantarse para dejársela escupir en la boca. El final llegó cuando él se corrió dentro de su culo otra vez, empotrándosela hasta que le dolieron las pelotas de lo llena que la dejó, y ella se quedó tirada en el suelo con el coño chorreando y el culo rojo como un tomate, pidiéndole más sin poder hablar.