Mi amante me empotró duro y me llenó la boca de leche
Esa tarde en el apartamento de Sexy Bartender, la tensión se cortaba con cuchillo. Llevábamos días mirándonos de reojo, rozándonos sin querer (o sí), hasta que ya no aguanté más. Le arranqué la camisa de un tirón y le bajé los pantalones antes de que pudiera reaccionar. Su polla ya estaba dura, goteando, y la tomé entera en mi boca, chupando fuerte hasta que gimió como un animal. ¿Te gustaría estar en su lugar? Porque yo lo tenía bien agarrado, moviendo la cabeza hacia adelante y atrás, tragando cada centímetro hasta que las lágrimas me nublaron la vista. Luego me dio la vuelta, me empotró contra la pared y me penetró de una estocada, tan fuerte que el impacto me sacudió los huesos. Sus embestidas eran brutales, rítmicas, cada golpe haciendo que mi coño se contrajera alrededor de su verga. Gemí sin control, arañándole la espalda mientras él me agarraba las caderas y me clavaba más profundo, hasta que sentí el calor de su leche llenándome la garganta. Cuando se corrió, me dejó la cara y los labios cubiertos, y solo pudo decir: 'Así me gusta, puta, tragando hasta la última gota'.