Madrastra rubia cachonda sorprende al hijastro con su show en lingerie
Un día cualquiera en la sala, mientras el hijastro se distraía revisando el celular, no se percató de que su madrastra rubia Bettie Bloem lo estaba observando desde la puerta con una sonrisa pícara. ¿Te gustaría estar en su lugar? La rubia no aguantó más y se acercó con paso lento, moviendo sus curvas empaquetadas en medias de red y tanga negro que apenas cubría su coño depilado. '¿Qué haces aquí mirándome, hijastro?', susurró mientras se arrodillaba frente a él, desabrochando su pantalón con dedos ágiles. Sentía el riesgo de ser pillados por su marido, quien podía llegar en cualquier momento, pero eso solo la encendía más. El muchacho tragó saliva al ver cómo la rubia se metía su polla entre los labios, chupando con avidez mientras sus uñas largas le arañaban los muslos. Las tetas de Bettie rebotaban contra su cara cada vez que se la tragaba hasta las pelotas, y él no podía evitar gemir, lo que la obligó a cubrirle la boca con una mano. 'Calla, o nos van a descubrir', dijo con voz temblorosa, pero sus caderas seguían moviéndose al ritmo de su boca. Sin previo aviso, Bettie se paró, subió sobre él y clavó su coño mojado en su verga, montándolo con fuerza mientras sus pies descalzos se apoyaban en el sofá. Las tetas aceitadas brillaban bajo la luz, y cada embestida hacía chocar sus cuerpos con un ruido húmedo. El joven mordía su labio inferior para no gritar, sintiendo cómo el coño de la rubia lo apretaba como un guante. Justo cuando estaba a punto de correrse, Bettie se bajó, se dio la vuelta y se apoyó contra el sillón, ofreciéndole su culo redondo. 'Métela hasta el fondo, hijastro, pero rápido, que no tenemos tiempo', lo apuró, y él no dudó en obedecer. Con una estocada profunda, la penetró mientras ella ahogaba sus gemidos en un cojín. Los segundos se volvían minutos, y cada empujón los acercaba al límite. 'Vente dentro, pero no hagas ruido', le ordenó entre dientes, y el muchacho no pudo resistirse. Su polla palpitó dentro de ella, llenándola con su leche caliente mientras Bettie apretaba sus muslos alrededor de su cadera. '¿Ves? Sabía que podías ser un buen chico', le dijo con una sonrisa satisfecha, ajustándose la ropa antes de salir disparada hacia la cocina. 'Mañana repetimos, pero sin testigos', agregó, dejándolo excitado y sin aliento.