La sirvienta desi se vende por dinero y termina empalada
No pensé que el dueño de la casa me pagaría en polla, pero cuando me agacho a limpiar el suelo con mi uniforme ajustado, sus manos ya están en mi culo. El muy cabrón me desafía: '¿Crees que puedes aguantar lo que te voy a dar?' y yo, con el coño ya mojado, le respondo: 'Demuéstrame que no eres un blandengue'. Él se baja los pantalones y saca una verga gruesa, lista para reventarme. Me empotra contra la mesa de la cocina, mis tetas rebotan con cada embestida mientras él gruñe como un animal. Mis gemidos llenan la habitación cuando me penetra hasta el cuello del útero, sus dedos me aprietan las nalgas mientras me clava como si quisiera partirme en dos. '¿Te gusta, perra?', me susurra al oído, y yo solo puedo gemir más fuerte, sintiendo cómo su polla me llena entera. El ritmo se vuelve frenético, sus bolas chocan contra mi piel cada vez que me embiste, y yo ya no puedo pensar, solo sentir. '¡Dame más!', le exijo, y él obedece, acelerando el ritmo hasta que los dos estamos al borde. Mis uñas se clavan en su espalda, mis piernas lo rodean con fuerza, y cuando por fin se corre dentro de mí, su leche caliente me quema por dentro. El orgasmo me deja temblando, pero él no para, sigue follándome hasta que mis piernas ya no responden.