La esposa infiel excita al obrero con su coño mojado
La mujer del vecino se ponía unos shorts ajustados y una blusa transparente cada vez que el obrero llegaba a reparar algo en la casa, mostrando sin vergüenza sus tetas firmes y su culo redondo mientras se inclinaba para recoger las herramientas. Un día, mientras él ajustaba un grifo en la cocina, ella se acercó por detrás y le rozó la polla con su mano, susurrándole al oído que quería que la follara duro contra la pared. El obrero, con la polla ya dura como una roca, la empujó contra la encimera y le arrancó el tanga con los dientes, hundiendo sus dedos en su coño bien mojado antes de clavársela de un solo empujón. Ella gemía como una puta en celo mientras él le embestía el culo parado, sus tetas rebotando con cada golpe, hasta que el obrero le llenó la boca con su leche caliente, corriéndose en su lengua mientras ella tragaba cada gota. La esposa infiel, con los labios manchados de semen, se limpió la boca con el dedo y sonrió, diciéndole que volvería a buscarlo cuando su marido no estuviera en casa. El obrero, con la polla todavía goteando, solo pudo asentir, sabiendo que esa puta lo tenía bien agarrado por las pelotas.