Kiara, la zorra santa, te hará perder la cabeza con sus tetas
Esa tarde, en el sofá de la casa familiar, Kiara Black no pudo resistir la tentación de que su novio le metiera la polla mientras su familia dormía en la habitación de al lado. Los gemidos se mezclaban con el crujir de la madera, cada embestida más profunda que la anterior, el sonido de sus nalgas chocando contra el cuerpo de él resonaba en el silencio de la casa. Kiara, con las tetas rebotando al ritmo de las penetraciones, mordía la almohada para ahogar los gritos, mientras su coño apretado tragaba toda la verga hasta que las caderas chocaban. El riesgo de ser descubiertos la ponía más cachonda, sus músculos internos se contraían alrededor del miembro, como si quisieran exprimir cada gota de leche. Él le agarraba el pelo con fuerza, tirando hacia atrás su cabeza mientras le susurraba obscenidades al oído, 'eres una puta que adora que la empoten'. Cada vez que escuchaban un crujido en el pasillo, Kiara apretaba más las piernas, pero eso solo hacía que el placer fuera más intenso. Las gotas de sudor caían sobre el sofá mientras él aumentaba el ritmo, sus bolas golpeaban contra el clítoris hinchado de ella, y ella no podía evitar chillar cuando las uñas de él se clavaban en sus caderas. El momento en que él se corrió dentro de ella, llenándola por completo, coincidió con un portazo en la planta de abajo, pero ya era demasiado tarde para parar. El orgasmo los dejó temblando, con los corazones latiendo a mil por hora, mientras escuchaban pasos acercándose a la sala.