Jefa se corre a su secretaria en nochevieja
La secretaria siempre tuvo ese aire de inocente que le ponía la piel de gallina al jefe, pero esa nochevieja la falda corta y las medias finas lo dejaron más duro que un diamante. Él no pudo resistirse cuando ella le guiñó un ojo al servirle el champán, así que la arrastró al despacho entre risas y tragos, donde el vestido se le subió hasta la cintura al instante. Ella se dejó caer sobre la mesa de reuniones con un gemido ahogado, sintiendo cómo él le bajaba el tanga de un tirón y le metía los dedos entre las nalgas antes de embestirla sin piedad. La polla gruesa y sin circuncidar le abrió el coño como si fuera mantequilla caliente mientras ella gritaba con cada envite, las tetas bamboleándose sin control al ritmo de sus embestidas brutales. Él le agarró los pechos pequeños pero firmes con una mano mientras con la otra le azotaba el culo hasta dejarlo rojo, y ella, entre gemidos y maldiciones, le empezó a mamar la cabeza de la polla hasta que le chorró babas por toda la verga. La cambió a cuatro patas sobre el sofá, le levantó la falda hasta la espalda y le metió la verga hasta la garganta mientras ella se corría en silencio, el coño empapando el cuero del asiento. Él no aguantó más, le sacó la verga de la boca justo a tiempo para que le explotara en la cara, el semen caliente salpicando sus tetas naturales y su boca entreabierta, los hilos blancos resbalando por su barbilla mientras él seguía empujando contra su culo hasta correrse dentro también. Los dos quedaron jadeando, ella con las medias rotas y la ropa interior hecha trizas, él con la corbata deshecha y la polla aún goteando, pero ninguno quería moverse de ahí, sabiendo que esa nochevieja iba a ser solo el principio.