Jasmeen LeFleur follada bien mojada en la ducha
Desde que entró a la mampara con esa minifalda pegada que no dejaba nada a la imaginación, Jasmeen no paraba de restregarse contra el cuerpo musculoso de Rome mientras el agua caliente le resbalaba por esos pechos enormes que él no podía dejar de agarrar con esas manos grandes. Él le arrancó la blusa empapada en segundos y le clavó la lengua en el coño mojadísimo que ya goteaba hasta el suelo de la ducha, haciéndola gemir con esos gritos agudos que a él tanto le ponían. Rome la levantó sin esfuerzo y la empotró contra la pared de azulejos, sintiendo cómo su polla enorme le abría el culo a la fuerza mientras ella le suplicaba que no parara, que la reventara viva. La puta calentona no pudo aguantarse más y se dejó caer de rodillas en el plato de la ducha para chupársela con esos labios carnosos que se le aferraban al tronco grueso como si no hubiera mañana, tragándose cada gota de saliva que le escupía en la boca mientras sus tetas rebotaban con cada movimiento brusco. Él le agarró la cabeza con fuerza y se la clavó hasta la garganta, haciéndole un gargajo de porquería que le dejó los ojos llorosos pero sin soltar ni un segundo, sintiendo cómo su polla le llegaba hasta el estómago mientras ella le miraba con esos ojos de loca deseosa de más. Rome la volteó como si fuera una muñeca de trapo y la puso a cuatro patas sobre el tapete resbaladizo, empalándola desde atrás con embestidas tan brutales que el sonido de sus pelotas golpeando contra su coño mojado resonaba por toda la casa. Jasmeen no podía ni respirar de lo intenso que era, con esa polla enorme abriéndole el coño hasta el fondo mientras él le gritaba al oído lo puta que era y lo bien que le chupaba la leche. Cuando sintió que él se ponía más duro y empezaba a temblar, supo que se venía la corrida más brutal de su vida, así que se apretó contra su polla y se dejó llevar por ese placer que le recorría el cuerpo como un fuego lento, gritando como una perra en celo mientras la leche espesa le bañaba la cara, los pechos, hasta el coño que seguía goteando de tanto placer. Él no se detuvo ahí y le dio la vuelta para dejarla boca arriba sobre el frío mármol del lavabo, metiéndole los dedos en la boca para que se los chupara mientras le escupía en la cara y le decía que era su puta personal. Jasmeen, sin poder más, se corrió otra vez al sentir cómo su lengua le lamía el clítoris hinchado con esa maestría que solo él tenía, dejándola completamente rendida y con el cuerpo tembloroso entre sus brazos mientras el agua seguía cayendo sobre sus cuerpos sudorosos y pegajosos.