Haizea Diamond te corrompe con su encuentro salvaje junto a la piscina
—'¿Te atreverías a hacer lo mismo?'— me susurra Haizea Diamond mientras se muerde el labio, sabiendo perfectamente que esto está mal, que no deberíamos estar aquí, pero su coño ya está mojado y mi polla no aguanta más. El sol de la tarde pega fuerte en su piel bronceada, marcando cada curva de sus tetas pequeñas pero firmes, ese tatuaje que baja por su cadera como un mapa de pecados. Me arrodillo para chuparle el coño como si fuera mi última comida, y ella se agarra de mi pelo, gimiendo tan fuerte que los vecinos podrían escucharnos. —'Cállate, puta, que nos van a pillar'— le digo, pero ella solo se ríe y me empuja contra el borde de la piscina, montándome como si no hubiera mañana. Siento sus muslos apretándome mientras rebota sobre mi verga, sus jugos goteando por mis pelotas, y cuando la pongo de perrito, su culo perfecto se abre para mí. La embisto de una estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero, y ella grita, pero no para de moverse, no para de pedir más. —'Córrete en mi cara, cabrón'— me ordena, y no puedo negarme. Le lleno la boca con mi leche espesa, y ella se la traga como una experta, limpiándome hasta la última gota. Ahora mismo, mientras me mira con esos ojos de puta satisfecha, solo pienso en que esto no puede terminar, que quiero volver a hundirme en ella aunque sepamos que es un error.