Galeria de culo perfecto se corrompe con polla dura
La galería de arte era tranquila hasta que llegó ella, con ese culo redondo y firme que no podía dejar de mirar. Cada vez que se inclinaba para ajustar un cuadro, sus nalgas apretadas se marcaban bajo el vestido ajustado, y él no podía resistir la tentación de acercarse. Con un pretexto tonto, la tocó por primera vez, deslizando su mano por su cadera hasta llegar a ese trasero que lo volvía loco. Ella se mordió el labio al sentir sus dedos explorando su piel, y sin decir nada, se dio la vuelta para mirarlo con una sonrisa pícara. En segundos, sus bocas se encontraron en un beso salvaje mientras sus manos se perdían en sus cuerpos, apretando, tocando, excitando. La levantó sobre la mesa de exhibición y le arrancó el tanga con un tirón, dejando al descubierto su coño ya mojado y listo para recibirlo. Con un gemido ahogado, la penetró de una sola embestida, sintiendo cómo su polla dura se hundía hasta el fondo mientras ella gritaba de placer. Sus caderas chocaban con fuerza, el sonido de la carne golpeando resonaba en la galería vacía, y cada movimiento los acercaba más al orgasmo. Cuando ya no pudo aguantar más, se corrió dentro de ella, llenándola con su leche caliente mientras ella se retorcía bajo su cuerpo, temblando de satisfacción.