Fantasía de queso cremoso que se vuelve realidad
El sonido de su respiración agitada golpeaba contra mi oreja mientras sus uñas se clavaban en mi espalda, marcando el ritmo de cómo quería que la empotrara contra el colchón. Nunca pensé que su coño tan dulce y estrecho iba a estar tan mojado solo por verme desabrocharme los pantalones, pero ahí estaba, con sus muslos temblando cuando mi polla dura como roca rozó su entrada. La primera embestida fue tan profunda que sus ojos se abrieron como platos, como si no creyera que algo tan grande pudiera caber entero de golpe, y eso solo me puso más cachondo. Cada vez que la penetraba hasta las pelotas, sus gemidos se volvían más altos, alternando entre gruñidos y suplicas incoherentes cuando le apretaba los muslos para abrirla más. Era increíble ver cómo su cara de sorpresa se transformaba en pura lujuria cuando le agarré las caderas para empujar más fuerte, haciendo que sus tetas rebotaran con cada arremetida. Lo que más me voló la cabeza fue cuando me confesó entre jadeos que nunca había sentido un orgasmo tan intenso, y eso me hizo perder el control: la levanté en el aire, la acuné contra la pared y la follé sin piedad hasta que sus uñas dejaron surcos en mi piel. En más de 20 minutos, la hice correrse tres veces, pero al final, mientras mi verga seguía latiendo dentro de ella, solo podía pensar en lo bien que se sentía saber que su mente ya no podía separar la fantasía de la realidad.