El doctor Legrand Wolf castiga al pequeño Austin Young por sus celos
—Te vas a arrepentir de haberlo mirado tanto— gruñó Legrand mientras le bajaba los pantalones a Austin. El pequeño twink, con sus piernas delgadas como palillos, no pudo evitar gemir cuando sintió los dedos gruesos del doctor explorando su culo apretado. Austin se retorcía bajo el peso de aquel macho musculoso, sus ojos llenos de lágrimas mientras Legrand le escupía entre las nalgas antes de empujar su verga hasta las pelotas. Era la venganza perfecta: rellenar ese cuerpito estrecho hasta que Austin no recordara el nombre del tipo que tanto lo había excitado. Legrand lo empotró contra el escritorio, sus bolas golpeando el trasero del twink con cada embestida, mientras Austin se agarraba a los bordes del mueble, los dedos blancos de la presión. El doctor le agarró el pelo, tirando hacia atrás para meterle la polla hasta la garganta cuando Austin se giró para chuparla, los labios rosados estirados alrededor de aquel tronco grueso. —Así, putita, chupa bien lo que te toca— escupió Legrand, disfrutando cómo Austin tragaba cada gota de saliva y pre-cum. Cuando ya no pudo aguantar más, Legrand sacó su verga, la frotó contra el culo abierto de Austin y le soltó un chorro caliente que le llenó el ano hasta rebosar. Austin temblaba, con la leche del doctor goteando por sus muslos, marcado como propiedad de su enemigo. Cerca de ellos, una zapatilla deportiva de Austin yacía volcada, olvidada en el suelo.