Dos morenas se corren con una verga gigante hasta acabar
La rubia de pechos enormes no pudo resistirse cuando su amiga morena le susurró que ese tipo tenía una polla tan gruesa que le doblaba los dedos al agarrarla. Al verla relucir entre sus piernas, la morena no dudó ni un segundo y se arrodilló en el suelo del baño para empezar a chupársela con ansias, mojando toda su lengua mientras escuchaba los gemidos ahogados del macho entre jadeos. Él le agarraba la cabeza con fuerza, empujando su verga hasta el fondo de su garganta sin piedad, mientras ella se ahogaba pero seguía chupando más fuerte, con los ojos llorosos y los labios rojos de tanto follarle la boca. Su amiga morena, excitada al ver cómo le comía el coño con tanta devoción, no pudo evitar meterse dos dedos dentro mientras se frotaba el clítoris con la otra mano, gimiendo como una puta en celo. El tipo, al notar que estaban a punto de correrse, las agarró a ambas por el pelo y las levantó de golpe, empujándolas contra la pared para empotrar a la rubia contra el espejo mientras seguía masturbándose con la otra mano. La morena, sin perder tiempo, le abrió bien las nalgas y se la clavó por el culo sin lubricante, sintiendo cómo su verga enorme dilataba su agujero hasta límites que le hacían gritar de dolor mezclado con placer. La rubia, con las tetas aplastadas contra el vidrio, le suplicaba que la follara más fuerte mientras él le metía dos dedos en el coño empapado, haciendo que sus piernas temblaran y un chorro de jugos le resbalara por los muslos. El macho, al borde del éxtasis, sacó su verga chorreante y se la restregó por toda la cara a la morena, ordenándole que se la tragara sin dejar ni una gota, mientras la rubia se corría contra la pared, mordiendo un toalla para no gritar como una puta descontrolada. Al final, las dos morenas acabaron con la cara llena de leche espesa, lamiéndose los labios y los coños empapados mientras el tipo se masturbaba otra vez, viendo cómo sus tetas subían y bajaban con cada respiración entrecortada.