Padrastro me rompe el culo sin piedad señorita
Llevo meses aguantando las ganas de que me empotre como una perra en celo cada vez que me ve sin ropa interior, pero hoy se pasó de la raya... Juro que iba a portarme bien si no me destrozaba el culo otra vez. Me puse las medias que tanto le gustan y me arrodillé en la cama con el culo en pompa, temblando de miedo y de lujuria. Primero me azotó la nalga izquierda con la mano hasta dejarla colorada, mientras me escupía en el coño ya empapado y me susurraba lo puta que soy. Cuando me metió dos dedos bien untados de saliva en el culo, gemí como una zorra en celo y le supliqué que no me hiciera daño. ¡Qué va! El muy cabrón se sacó la verga más gruesa que he visto en mi vida y la restregó contra mis labios antes de metérmela hasta la garganta sin aviso. Me ahogué con su glande, pero me agarró de las trenzas y me obligó a tragar hasta que noté sus pelotas golpeándome la barbilla. Mientras me follaba la boca como una puta de lujo, me azotaba el culo con la mano libre hasta dejar marcas rojas que luego lamió con la lengua antes de cambiarme de posición. Me puso a cuatro patas con las medias puestas y las tetas colgando, y empezó a embestirme con furia desde atrás mientras me agarraba de las caderas como si fuera un juguete. Cada vez que me penetraba hasta el fondo, gritaba como una posesa porque me partía por la mitad, pero él solo reía y me decía que era su putita anal favorita. Cuando por fin me soltó el culo para meterme la polla en la boca otra vez, ya no había rastro de miedo en mi voz: solo gemidos de placer mientras me ahogaba con su leche espesa y caliente. Terminó escupiéndome el resto en la cara, dejándome con los ojos cerrados y la boca llena de su esencia mientras me susurraba al oído que la próxima vez no me daría tregua.