Culo enorme de casada follando al revés en tanga
La rubia madurita llevaba horas en la cocina mordisqueando su labio inferior mientras le lanzaba miradas de fuego a su marido, que leía el periódico sin percatarse de nada. Cuando él se levantó a por más vino, ella no se lo pensó dos veces y se acercó por detrás, frotando su enorme trasero contra el bulto que ya le marcaba los pantalones. La polla le palpitaba como loca al sentir el culo prieto y redondo de ella apretándose contra su entrepierna, así que sin pensarlo más le arrancó el tanga de un tirón y le escupió en el coño empapado antes de clavarle la verga hasta el fondo. Ella gimió como una puta desatada, arqueando la espalda y abriendo bien las piernas para que la empotrada le llegara al alma, sintiendo cómo le reventaba el clítoris con cada embestida. El marido no pudo aguantar más y la agarró de las caderas para follársela como un animal, sintiendo cómo su coño caliente y chorreante le chupaba la polla hasta dejarla limpia. Ella se corrió gritando su nombre, con chorros de leche espesa resbalándole entre las piernas mientras seguía moviendo el culo como una posesa, pidiendo más sin parar. La visión de su culo enorme y tembloroso, abierto como una fruta madura, fue demasiado para él y no tardó en llenarle el coño de leche espesa, haciendo que ella se retorciera de placer mientras se estremecía con cada gota que le inyectaba hasta el fondo. Cuando por fin se separaron, él no podía creer que su mujer, siempre tan seria, se hubiera convertido en una zorra ansiosa por más, dispuesta a que la follaran duro cada vez que se le pusiera dura la verga.