Chica latina se deja empotrar fuerte por su padrastro
La morena tatuada llegó con excusas de ayudar a limpiar la casa y se le olvidó mencionar lo mojada que estaba su conejita depilada. Él, un italiano de verga gruesa y blanca, la vio desde la puerta con esa sonrisa de depravado que a ella le encantó. Sin perder tiempo, la agarró por la cintura y la estrelló contra la pared del jardín, arrancándole el short ajustado que le marcaba el culo prieto. Ella gimió fuerte cuando sintió su pollón rozándole el coño chorreante, pidiendo más sin necesidad de palabras mientras se agarraba al marco de la puerta. Él no la decepcionó: con un empujón brutal la empaló desde atrás, clavándosela hasta el fondo mientras le mordía el hombro tatuado. La morena gritó de placer, sintiendo cómo su verga enorme le reventaba las paredes vaginales, cada embestida le arrancaba un gemido ronco que resonaba entre los árboles. Él le sujetó las tetas duras con una mano mientras con la otra le apretaba la garganta, obligándola a arquear la espalda y ofrecerle mejor acceso a su coño abierto y palpitante. Ella se corrió la primera, empapándole los huevos con un chorro caliente que le escurrió por las piernas, pero él no aflojó el ritmo. La siguió follando sin piedad, embistiéndola como un animal mientras le susurraba en italiano cosas sucias que solo aumentaban su excitación. Cuando por fin se corrió dentro de ella, la llenó de leche espesa mientras la morena se dejaba caer contra la pared, jadeando y temblando, con las piernas flaqueando y el coño goteando su mezcla de jugos y semen. El orgasmo los dejó a ambos exhaustos, sudorosos y satisfechos, con la prueba clara de su infidelidad escrita en la ropa interior destrozada y el césped pisoteado alrededor de ellos.