Anal con esclava sumisa que llora de placer
La habitación olía a sudor y lujuria, las luces tenues apenas iluminaban las mallas rotas que cubrían mi cuerpo. Sabía que esto estaba mal, que no debería desearlo tanto, pero cada vez que Mister J entraba en la habitación, mi culo se apretaba solo de anticipación. Él no tuvo que pedirlo, bastó con que me mirara con esos ojos oscuros para que me arrodillara y le abriera el culo con los dedos, preparándome para lo que vendría. 'Anal con esclava sumisa', susurré mientras me penetraba con los dedos, sintiendo cómo mi agujero se estiraba. Cuando su polla gruesa entró, grité, pero no de dolor, sino de ese placer prohibido que solo él sabía darme. Me empujó contra el suelo, el frío del mármol contrastando con el calor de su cuerpo sobre el mío, mientras me abría con cada embestida. 'Más fuerte', le rogué, aunque sabía que no debería disfrutarlo tanto. Sus pelotas golpeaban mi culo cada vez que se hundía en mí, y yo solo podía gemir, sintiendo cómo me llenaba por completo. La vergüenza ardía en mis mejillas, pero mi cuerpo no mentía: estaba mojada, deseando más. Cuando por fin se corrió dentro de mí, sentí su semen caliente inundándome, marcándome como suya. 'Anal con esclava sumisa', repetí entre sollozos, porque era exactamente lo que era, y no podía negarlo.