Amateur exhibicionista se deja follar en la cocina con la polla bien dura
La chica no podía resistirse más: cada vez que él entraba a la cocina con el torso desnudo, ella se mojaba sin querer, imaginando cómo sería sentir esa polla gruesa dentro de su coño apretado. Un día, sin avisar, lo agarró de la mano y lo llevó hasta la mesa, levantándose el vestido para mostrarle su tanga empapado. Él no lo pensó dos veces, bajó sus bragas con los dientes y empezó a chuparle el clítoris mientras ella gemía fuerte, apoyada contra los azulejos fríos. La polla del tipo ya estaba dura como una roca, y cuando la metió de un solo empujón, ella gritó de placer, sintiendo cómo cada embestida le rozaba el punto G. La mesa temblaba con cada movimiento, los platos se caían al suelo, pero a ninguno de los dos les importaba. Ella se agarraba el culo para que él la penetrara más profundo, y cuando él le dio una nalgada, ella se corrió en su polla, chorreando jugos calientes. Él no aguantó más y se vino dentro de ella, llenándole el coño con su leche espesa mientras ella seguía temblando de gusto. Al final, los dos quedaron exhaustos, jadeando en el suelo de la cocina, con el olor a sexo flotando en el aire.