Wendy Burde domina al joven en un polvo anal salvaje
Wendy Burde no aguantaba más las miradas robadas al vecino cada vez que lo veía pasar con esa polla marcada bajo el pantalón. Llevaba días imaginando cómo sería sentirlo dentro de su culo apretado, cómo gemiría al empotrarla contra el colchón mientras ella le clavaba las uñas en la espalda. La tensión entre ellos era insoportable, hasta que una tarde, con la casa vacía, lo invitó a tomar algo. No hubo preámbulos: apenas cerró la puerta, Wendy se arrodilló y le arrancó el pantalón, chupando su verga con desesperación mientras él le agarraba el pelo. La humedad de su coño ya empapaba el tanga cuando lo empujó contra el sofá, montándolo a horcajadas antes de girarse y ofrecerle su culo perfecto. Marty Burde no perdió tiempo: le escupió en el agujero y la penetró de una estocada, haciendo que Wendy gritara mientras sus caderas chocaban contra las de ella. Cada embestida era más profunda, más brutal, hasta que Wendy sintió cómo el calor de su corrida le llenaba el culo. Cuando terminó, solo podía pensar en lo bien que se había sentido al romper todas las reglas.