Verificación caliente de una zorra que no para de gemir
La habitación está bañada en luz tenue, con el aire cargado del aroma a sexo y jabón de lavanda que usa para provocarte desde hace horas. Sabes que esto no es casualidad: lleva todo el día enviándote fotos de su cuerpo en ropa interior, rozando tu mano al pasar, mordiéndose el labio cuando te ve. Ahora está frente a ti, con las piernas abiertas, la tanga a un lado y los pechos hinchados mientras te pide que la toques. Sientes cómo su coño está empapado, caliente y palpitante bajo tus dedos, y no puedes evitar hundir dos dentro de golpe, escuchando ese gemido ahogado que siempre te vuelve loco. Te agarra la polla con fuerza, frotándola contra sus muslos antes de llevársela a la boca, chupando la punta con esos labios carnosos que te vuelven loco, mientras tú sigues empalándola con los dedos, sintiendo cómo se retuerce contra tu mano. No te detienes, la volteas y la empotras contra la cama, metiéndosela hasta que las caderas chocan, escuchando sus gritos mezclados con tu respiración agitada. Le das nalgadas mientras la penetras desde atrás, sintiendo cómo su culo se aprieta alrededor de tu verga, y cuando ya no aguanta más, se corre con un grito ahogado, clavándote las uñas en la espalda. Pero tú no paras: la levantas, la sientas sobre ti y la obligas a cabalgarte, mirándote a los ojos mientras rebota sobre tu polla, mordiéndose el labio para no gritar más fuerte. Finalmente, te corres dentro de ella, sintiendo cómo el calor se extiende en su interior. En ese momento, solo piensa en lo mucho que le gustó provocarte y cómo esto fue solo el principio.