Transexual bailando con nalgas bien marcadas en mi cuarto
La puerta de mi cuarto apenas se cerró cuando ella sacó esas nalgas redondas y duras como piedra, moviéndolas al compás de la música como si supieran que las iba a ver. El short ajustado no dejaba nada a la imaginación, y la tela se le clavaba entre las nalgas cada que se agachaba a recoger algo del suelo, dejando ver ese culo apretado que me tenía más duro que una roca. Sin pensarlo dos veces, le agarré la cadera con fuerza y le pegué el cuerpo contra mi pecho, sintiendo cómo sus tetas artificiales pero bien puestas se aplastaban contra mi torso mientras su aliento se volvía jadeos cortos y calientes. Ella se mordió el labio inferior, gimiendo un 'joder' que sonó más como un susurro de rendición antes de que mis manos bajaran hasta su short y se lo bajaran de un tirón, dejando al aire ese coño depilado y brillante que ya estaba más que mojado. Sin perder tiempo, la empujé contra la pared y le levanté una pierna, fühlándola contra mi polla dura que le rozaba el culo mientras le susurraba al oído lo puta que estaba por aguantar tanto sin correrse. Mis dedos encontraron su clítoris hinchado y no tardé en frotarlo en círculos rápidos mientras con la otra mano le agarraba un pecho y se lo apretaba fuerte, haciendo que gritara mi nombre entre gemidos ahogados. Ella arqueó la espalda hacia atrás, empujando su culo contra mi verga, pidiendo más a gritos con esa voz ronca que no dejaba duda de lo cachonda que estaba, y entonces la empalé de golpe, sintiendo cómo su coño se abría para mí como si llevara años esperando esto. Cada embestida hacía que sus nalgas rebotaran contra mi cadera con un sonido húmedo y lascivo, y sus uñas se clavaban en la pared mientras el sudor le corría por la espalda, mezclándose con el olor a sexo que ya inundaba el cuarto. No pasó mucho antes de que sintiera cómo su coño se contraía alrededor de mi polla, avisándome que el orgasmo estaba cerca, y entonces le agarré el pelo con fuerza, tirando de su cabeza hacia atrás mientras le llenaba el culo a fondo hasta que sus piernas temblaron y un chorro de sus jugos resbaló por mis bolas. Ella se corrió gritando, con el cuerpo temblando y la espalda empapada de sudor, mientras yo seguía embistiéndola sin piedad hasta que un último empujón profundo me hizo soltar toda mi leche dentro de ella, sintiendo cómo se le escurría por los muslos mientras se dejaba caer contra la pared, exhausta y satisfecha.