Rogeriodotadusp se venga follando el culo de su hijastro rebelde
Nunca pensé que vería algo así, pero ahí estaba Rogeriodotadusp, con esa polla gruesa y venosa, empujándola sin piedad contra el culo apretado de su hijastro. El chico, que siempre lo había mirado con desprecio, ahora gemía como una perra en celo, suplicando que le rompieran el culo hasta que no pudiera caminar. Rogeriodotadusp lo tenía bien agarrado de las caderas, marcando cada embestida con un gruñido animal, disfrutando cómo el culo virgen del muchacho se abría para él. El hijastro, antes tan orgulloso, ahora lloriqueaba entre gemidos, sintiendo cómo la verga dura le llegaba hasta las entrañas. Rogeriodotadusp no tenía compasión, quería que el chico recordara quién mandaba en esa casa. Lo empotró contra la pared, clavándole la polla una y otra vez, sintiendo cómo el culo se apretaba alrededor de su verga. El hijastro, con lágrimas en los ojos, no podía evitar correrse, su leche salpicando el suelo mientras Rogeriodotadusp seguía follándolo sin descanso. Cada vez que el muchacho intentaba escapar, Rogeriodotadusp lo jalaba del pelo y lo obligaba a seguir recibiendo esa verga gruesa. Al final, cuando Rogeriodotadusp se corrió dentro de él, el hijastro solo podía pensar en lo humillado que se sentía, en cómo su orgullo había sido destrozado junto a su culo. Sabía que nunca volvería a mirarlo con desprecio, porque ahora entendía quién era el verdadero macho en esa casa.