Negra bien caliente me chupa mientras su amiga mira
Esa negra de culo enorme no podía quitarme los ojos de encima desde que entré al local, pero lo que pasó después me dejó con la boca abierta. Cuando su amiga se acercó con esa sonrisa pícara y le susurró algo al oído, supe que iba a ser una noche de esas que no se olvidan. Sin mediar palabra, la morena se arrodilló frente a mí y me agarró la polla con esas manos fuertes mientras me clavaba la mirada, como si supiera exactamente lo que quería. La punta ya le goteaba pre-semen cuando se la metió toda en la boca, chupando con una fuerza que me hizo gemir sin poder evitarlo. Mientras tanto, su amiga no se quedó atrás: se quitó el vestido en dos segundos y se puso detrás de mí, apretando ese culo prieto contra mi espalda mientras me sobaba las tetas con una mano y con la otra me agarraba el culo para empujarme hacia la negra que no paraba de mamársela. La morena no solo tenía una boca caliente, sino que sabía mover esa lengua gruesa como si fuera una maldita experta, lamiendo desde la base hasta la punta antes de volver a engullírmela entera. Yo solo podía agarrarle la cabeza con fuerza y empujarla contra mí, sintiendo cómo se ahogaba un poco pero sin que eso la detuviera, porque el sonido de sus arcadas mezclado con mis gemidos era música para mis oídos. Entre tanto, la otra chica ya se había puesto de rodillas frente a mí y me lamía los huevos mientras me masturbaba con una mano, lista para cuando la negra se corriera. Cuando por fin me soltó la polla para respirar, su amiga no perdió el tiempo y se la metió hasta la garganta, tragándosela entera mientras la negra se ponía de pie y se frotaba ese culo gigante contra mi entrepierna, mojando mis pelotas con su coño empapado. La escalada fue brutal: la negra se sentó en una silla y me montó como una posesa, empalándose ella misma con mi polla bien dura mientras su amiga le chupaba los pezones y le metía un dedo en el culo. Los gritos de ambas resonaban en el cuarto mientras yo las empotraba con fuerza, sintiendo cómo ese culo negro se abría y se cerraba alrededor de mi verga como si fuera un guante ajustado. Cuando la negra se vino con un chillido que me hizo temblar, su amiga se lanzó sobre mí y me la metió hasta el fondo, ordeñándome con esa vagina estrecha que me tenía al borde del colapso. No pude aguantar más y me corrí dentro de ella con un rugido, sintiendo cómo mis huevos se vaciaban mientras me abrazaba contra su cuerpo sudado, las dos negras jadeando a mi lado con las piernas temblorosas y los coños más mojados que nunca.