Nabe Girl me reta a follarla y no puedo parar
“¿Crees que puedes manejar mi culo?”, me dijo Nabe Girl con esa sonrisa de puta que me vuelve loco. Desde que la vi moverse en tanga por la casa, supe que tenía que probarla, pero esta vez fue ella quien tomó el control. Me desafió a ver si aguantaba sus gemidos, sus movimientos de cadera y su coño apretado tragándose mi polla. No me resistí, claro, y en menos de un minuto ya estaba empotrándola contra la pared, sus tetas pequeñas rebotando con cada embestida. Le arranqué el tanga de un tirón y le metí los dedos primero, sintiendo cómo se mojaba más con cada caricia. Cuando me arrodillé para chuparle el clítoris, gimió tan fuerte que temí que los vecinos nos escucharan, pero no me importó. La puse de perrito en la cama y le clavé la polla de una estocada, sintiendo cómo su culo perfecto se ajustaba a mi ritmo. Le agarré las caderas y la follé sin piedad, escuchando cómo gritaba mi nombre mientras sus jugos chorreaban por mis pelotas. No paré hasta que me corrí dentro de ella, llenándola entera mientras se retorcía de placer. Cuando terminó, Nabe Girl solo pudo sonreír, sabiendo que había ganado la apuesta. Mi polla seguía dura, pero ella ya estaba exhausta, con la respiración agitada y el cuerpo temblando.