Monica se masturba con vampiro y acaba chupando verga enorme
Monica no podía quitarle los ojos de encima al vampiro que se paseaba por su casa con esa sonrisa de depredador y esos colmillos brillando bajo la luz de la luna. Cada vez que él pasaba cerca, su cuerpo reaccionaba sin control, sintiendo cómo su coño se iba empapando sin piedad mientras se mordía el labio inferior con desesperación. El vampiro, al notar su mirada ansiosa, se acercó lento pero seguro, deslizando sus dedos largos y fríos por el muslo de ella hasta rozarle el tanga empapado. Monica gimió fuerte cuando él le susurró al oído que quería verla masturbarse para él, y sin pensarlo dos veces, se quitó el vestido dejando al descubierto unas tetas enormes y firmes que pedían a gritos ser lamidas. El vampiro no se hizo esperar: se bajó el pantalón de cuero negro mostrando una verga gruesa y morada que parecía sacada de una pesadilla húmeda, y le ordenó que se arrodillara en el suelo de madera con ese culo prieto y redondo que le había robado el aliento desde el primer segundo. Monica no pudo resistirse, abrió bien la boca y se tragó toda esa carne caliente hasta la garganta, sintiendo cómo le golpeaba el paladar mientras los jugos de su coño le resbalaban por las piernas. El vampiro la agarró de la nuca con fuerza, empotrándola contra su pelvis cada vez que ella intentaba retroceder, y le ordenó que se corriera mientras le chupaba esa polla que parecía no tener fin. Monica no pudo aguantar más: su coño explotó en espasmos húmedos mientras su boca se llenaba de leche espesa y caliente que le resbalaba por la barbilla y el cuello, mezclándose con el sudor y la saliva que le caían sin control. Cuando el vampiro por fin la soltó, Monica quedó tirada en el suelo con las piernas temblorosas, el coño todavía palpitando y la boca adolorida por tantas embestidas brutales, pero con una sonrisa perezosa en los labios sabiendo que esa noche no olvidaría ni uno solo de los detalles de esa follada salvaje.