Mallory Knight me recibió con una sorpresa que no olvidaré
Esa tarde en mi casa, Mallory Knight llegó con esa sonrisa pícara que ya conocía. Pero esta vez traía algo más bajo su uniforme de enfermera: un secreto que iba a volverme loco. Al abrir la puerta, noté cómo sus tetas caídas rebotaban con cada paso, su culo redondo balanceándose como si me desafiara. No esperaba que justo hoy me confesara que a veces, cuando su marido se cansa, ella sigue caliente y necesita que alguien la satisfaga. Mi polla ya estaba dura antes de que terminara de hablar. En un segundo la tenía arrinconada contra la pared, mordisqueando sus pezones duros mientras ella gemía y me pedía que la follara como a una zorra necesitada. Al quitarle el tanga, vi que su coño estaba empapado, ese pelito en forma de línea que tanto me excitaba ya brillaba con sus jugos. La llevé al sofá y me enterré de una estocada, sintiendo cómo su cuerpo se ajustaba a mi verga como un guante. Nunca había visto a una mujer tan puta disfrutar tanto: gritaba, se retorcía, me clavaba las uñas en la espalda mientras yo la embestía sin piedad. Lo mejor fue cuando, justo al correrme dentro de ella, Mallory me susurró al oído: 'Dios, no sabía que tu polla era tan jodidamente grande...' y ese comentario me hizo endurecer de nuevo al instante. La noche apenas empezaba, y estaba claro que esta enfermera caliente necesitaba más de lo que su marido podía darle.