Madrastra metiendo cucurucho en su coño mojado
La madastra llevaba días con el delantal puesto y sin ropa interior, solo para provocarlo con su culito redondo y su coño peludo asomándose entre las cortinas de la cocina. Cuando él entró buscando un trago de agua, ella ya tenía los muslos abiertos y los dedos metidos hasta el nudillo, resbaladizos de jugos espesos que le chorreaban por las piernas. Sin decir ni pío, agarró un pepino bien grueso del cajón de verduras, se lo pasó por los labios empapados mientras gemía como una puta en celo. El muy cabrón no pudo resistirse y le empotró el pepino hasta la base con un golpe seco, haciendo que la carne de ella se abriera como una flor podrida y sus caderas saltaran contra el mármol frío. Entre gritos ahogados y babas cayéndole por la barbilla, la madastra se retorció cuando el vegetal le abrió el coño de par en par, dejando ver las paredes rosadas y palpitantes que chupaban cada centímetro con ansia. Él no se conformó con el pepino y sacó un plátano maduro, tan grueso que le costó meterlo entre sus labios hinchados, pero una vez dentro, la putona se lo clavó hasta la garganta mientras se corría con espasmos que le sacudían el vientre. El jugo le resbalaba por el culo en olas espesas mientras él le metía y sacaba el plátano a toda velocidad, escuchando el sonido húmedo de carne contra carne mezclado con los gemidos que escapaban de su garganta como un animal en celo. Cuando por fin eyaculó dentro del coño abierto, la madastra se quedó tirada en el suelo con las piernas temblorosas y el vegetal empapado colgando entre sus muslos, completamente satisfecha y con la prueba de su adicción a los sabores dulces y salados esparcida por toda la cocina.