Las morenas se chupan el coño entre suspiritos
Raquel no podía aguantarse más cuando vio a Olyssia lamiéndose los labios con esa mirada de puta hambrienta, así que se lanzó sobre ella sin pensarlo dos veces. Las tetas grandes y pesadas de Raquel rozaban su cara mientras se arrodillaba entre sus muslos, sintiendo el olor a coño mojado y jabón que le erizaba la piel. Olyssia, con su pelo negro azabache cayéndole sobre los hombros y esos labios carnosos pintados de rojo oscuro, le agarró la cabeza con fuerza y la empujó contra su entrepierna depilada, gimiendo cuando la lengua experta de Raquel le abrió los labios vaginales con un golpe seco. Los gemidos de Olyssia se volvieron más fuertes al sentir cómo le recorría el clítoris con la punta de la lengua, haciendo que sus caderas se levantaran instintivamente, buscando más presión. Raquel, con su cuerpo curvilíneo temblando de excitación, le clavó los dedos en las nalgas mientras le comía el coño como si fuera su último banquete, chupando con avidez cada gota de flujo que le resbalaba por los muslos. Olyssia, entre jadeos y maldiciones, le agarró el pelo con más fuerza y le ordenó que no parara, apretando su cara contra su entrepierna mientras se corría con espasmos violentos que le sacudían todo el cuerpo. Pero Raquel no tenía suficiente, así que se le tiró encima, besándole la boca entrecortada mientras sus tetas se aplastaban contra las suyas, y le susurró al oído que quería sentir su sabor en los labios. Olyssia, aún jadeante, le lamió los labios con avidez, saboreando su propio orgasmo mezclado con el sudor de Raquel, mientras le apretaba los muslos contra su cintura para no dejarla escapar. Las dos morenas seguían follándose con la boca entre gemidos ahogados, sin importarles quién pudiera escuchar, hasta que ambas terminaron exhaustas, con las bocas llenas de flujo, los coños palpitantes y los cuerpos pegajosos de placer.