La monja pecadora se deja follar como una puta por el obispo
La monja Alina López llevaba meses ardiendo de deseo cada vez que el obispo pasaba por el convento con su sotana ajustada, imaginando cómo sería sentir esa polla gruesa dentro de su coño apretado. Un día, tras la confesión, él la empujó contra la pared del confesionario y le arrancó el hábito, dejando al descubierto sus tetas firmes y su tanga empapado. Ella gimió como una perra en celo mientras él le mordía los pezones y le metía los dedos en el culo, preparándola para lo que vendría. Sin dudarlo, la empotró contra el altar, hundiendo su polla hasta el fondo mientras ella le chupaba los dedos y le pedía más fuerte. La monja cabalgó sobre él como una amazona salvaje, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de esa verga enorme mientras él le azotaba las nalgas y le tiraba del pelo. Con un grito ahogado, ella se corrió en su cara, pero él no se detuvo hasta llenarle el vientre con un chorro caliente de leche espesa. Al final, los dos quedaron exhaustos, con el sudor mezclándose en el suelo del convento, sabiendo que este pecado valía cada segundo de placer prohibido.