La mamacita colombiana se empotra en el parque duro
Llevaba semanas robando miradas a ese culazo redondo que se le marcaba bajo el vestido ajustado cuando pasaba por el parque camino al trabajo. Hoy no pudo resistirse, lo abordó con un pretexto de 'ayuda con el mapa' y terminó arrastrándolo entre los arbustos donde nadie los viera. Sus tetas grandes se le salían del top cada vez que la empotraba contra el tronco, los pezones duros como piedras le rozaban la madera mientras él le levantaba el vestido para dejar al aire ese culo prieto que tanto lo volvía loco. Ella gemía con cada embestida, los muslos le temblaban de placer y la baba le resbalaba por los muslos porque la polla gruesa que le clavaba le llegaba hasta las entrañas. Él le tapó la boca con la mano para que no gritara, pero los sonidos de piel contra piel y los chorros de coño mojado que le empapaban los huevos delataban lo que estaban haciendo. La mamacita le clavó las uñas en la espalda al correrse, la leche le brotó a chorros mientras él se descargaba dentro de ese coño apretado que parecía hecho para retenerlo todo. Cuando terminaron, ella se ajustó el vestido con una sonrisa pícara y le dejó caer un beso sucio en los labios antes de irse como si nada, dejando a ese pobre infeliz con la polla goteando y el corazón a mil por hora. El culo le ardía de tanto follar, pero sabía que volvería mañana a buscar más de ese trato prohibido que solo ellos dos entendían.