La latina se empala con strap-on enorme hasta correrse
Desde que le vio colgarse ese arnés negro con un consolador grueso como su muñeca, no pudo sacarse la imagen de la cabeza. La latina se pasó la lengua por los labios mientras le miraba con esos ojos que le pedían sin palabras que la llenara de una vez, y él no necesitó más invitación que el temblor en sus muslos al sentir el plástico duro rozándole el clítoris. Con un gemido ronco ella se lo metió hasta la empuñadura, sintiendo cómo le abría el coño de par en par mientras el strap-on le golpeaba el punto más sensible de su interior, haciendo que sus caderas se sacudieran sin control. Él la empujó contra la pared, agarrándole las tetas por detrás mientras ella arqueaba la espalda para recibir cada embestida con los dientes apretados y los gritos ahogados en la almohada. La polla de goma latía dentro de ella como un martillo, empapando de jugos su coño que ya chorreaba sin parar, y cada vez que el arnés chocaba contra su culo, un espasmo le recorría el cuerpo entero llevándosela más cerca del orgasmo. La latina no aguantó más, se dejó caer de rodillas en el suelo con las piernas temblorosas, le arrancó el strap-on de un tirón y se lo metió en la boca hasta ahogarse con su grosor, chupando con furia mientras él le sujetaba la cabeza para enterrárselo hasta la garganta. Cuando por fin la soltó, ella se levantó con las rodillas pegajosas, se volteó boca abajo sobre la cama y se abrió de piernas como una perra en celo, ofreciéndole el culo palpitante para que la follara sin piedad hasta que se corriera gritando su nombre. La primera embestida la dejó sin aire, la segunda le hizo morder las sábanas, y cuando la tercera la atravesó como un rayo, no pudo evitar correrse con un chorro caliente que le resbaló por los muslos mientras él le llenaba el coño de leche espesa hasta que ya no cabía ni una gota más.