Hija caliente recibe lefa de su padrastro en la cama
Penélope, con su coño depilado y esos pechos naturales que parecen tallados, lleva semanas coqueteando con miradas y pequeños roces cuando su padrastro pasa a su lado en camiseta mojada. Él, un tipo maduro con la polla bien dura de solo verla mover ese culito prieto bajo el short, no pudo resistirse más y la llevó a la cama con la excusa de enseñarle a hacer algo. Al principio ella se hacía la difícil, pero bastó un tirón de su tanga y un lametón en el clítoris para que la morena se derritiera como mantequilla caliente. Él la empotró contra el colchón de una sola embestida, hundiendo su verga hasta el fondo mientras le tapaba la boca con la mano para que no gritara demasiado fuerte y despertara a la familia. Cada empujón hacía que sus tetas naturales rebotaran como gelatina, y el sonido húmedo de su coño empapado llenaba la habitación entre gemidos ahogados y resoplidos de placer. Ella clavaba las uñas en las sábanas mientras él le llenaba el vientre de leche espesa, grueso y caliente, regalándole una corrida tras otra hasta dejarla completamente rendida y con el coño chorreando por todos lados. El padrastro, satisfecho pero no saciado, le ordenó que se arrodillara para chuparle la polla bien limpia mientras le susurraba al oído lo puta que se había vuelto y lo mucho que le encantaba corromperla. Penélope, con los labios brillantes de babas y semen, obedeció sin chistar, tragándose cada gota como si fuera néctar mientras sus tetas se balanceaban sin control. Cuando él por fin se corrió en su garganta, ella se limpió la boca con el dorso de la mano y se dejó caer de espaldas sobre la cama, exhausta y con las piernas abiertas, dejando que las últimas gotas de leche resbalaran por sus muslos temblorosos.