Follada anal en grupo con gimnastas flexibles en oficina
La oficina estaba vacía pero el aire olía a piel sudada y lubricante barato cuando las gimnastas llegaron con sus leggings ajustados y sonrisas de depredadoras. La primera en arrodillarse fue la rubia de culo prieto, con las nalgas blancas palpitando mientras le lamía el glande a su jefe, que ya tenía la polla goteando pre-semen y lista para destrozar cualquier agujero que se le pusiera por delante. La morena de tetas gigantes se subió al escritorio y se abrió de piernas mostrando un coño empapado y un culo que parecía una rosquilla recién horneada, invitando a que la empotren sin piedad. Mientras una le chupaba los huevos al jefe, otra le metía un dedo en el culo sin aviso, arrancándole un gemido ronco que resonó en las paredes del despacho vacío. Él, con su verga monstruosa en mano, no perdió tiempo y se clavó de golpe en el culo de la morena, que gritó como si la estuvieran desollando viva mientras sus tetas rebotaban al ritmo de las embestidas brutales. La rubia, sin perder la compostura, se sentó sobre su cara con el coño chorreando, ahogándolo en jugos mientras le ordeñaba la polla con los muslos hasta que el jefe no pudo aguantar más y descargó su leche hirviendo en lo más profundo del culo de la morena, que se corrió al sentir cómo se le llenaba por dentro. Pero la fiesta no terminó ahí: la otra chica, con el culo ya bien abierto y baboso, se arrodilló para lamerle el semen que le goteaba del agujero al jefe, tragándoselo con avidez mientras le susurraban obscenidades al oído. El jefe, exhausto pero con la polla aún dura, decidió que era momento de probar el culo de la rubia, que se dejó caer de espaldas en la silla del jefe y abrió las piernas mostrando un agujero tan amplio que parecía un pozo sin fondo. Las otras dos no se quedaron atrás: una le escupió en el culo mientras la otra se lo follaba con los dedos, preparándolo para recibir la verga monstruosa que ya le colgaba entre las piernas como un látigo de carne. Cuando por fin se hundió en ella, la rubia aulló como una loba herida mientras el semen le brotaba del culo en chorros espesos, manchando el cuero de la silla y el suelo de la oficina, que quedó convertido en un lodazal de sudor, leche y fluidos anales. Entre gemidos, risas y cuerpos retorciéndose, la escena terminó con las tres gimnastas tiradas en el suelo, los culos abiertos y brillantes, mientras el jefe se corría por última vez directamente en la boca de la morena, que se tragó hasta la última gota sin dejar ni una pizca de semen en su lengua.