Entrenamiento de glande cachondo en casa sola
Esta morena de piel lechosa se pasa las tardes en pijama, pero con la polla dura no hay ropa que aguante. Tiene las piernas abiertas sobre la cama, los dedos jugueteando con sus labios rosados mientras la verga se le pone más gruesa que un pepino maduro. Con la otra mano agarra un dildo suave, se lo frota contra el clítoris empapado y suelta gemidos que retumban en las paredes. La punta del capullo brilla bajo la luz de la lámpara, se la acaricia con los nudillos y un hilo de líquido preseminal le resbala por los dedos. Se inclina hacia adelante, abre bien la boca y se traga toda la verga hasta que la garganta le tiembla, sintiendo cómo se le endurece más cada vez que asfixia su glande con la lengua. Los muslos le tiemblan de puro placer, los pezones le apuntan hacia el techo y el coño le late como un corazón desbocado. No tarda en cambiar de postura: se arrodilla en el suelo, se aprieta los pechos contra el colchón y empiezan a entrarle los dedos por el culo mientras se masturba la entrepierna con furia. La polla le duele de lo dura que está, así que se la aprieta contra el vientre y se la frota arriba y abajo hasta que el líquido blanco le salpica la cara con violencia. Se corre con un grito ahogado, la boca llena de leche caliente, los muslos temblorosos y el coño chorreando de placer. Se queda tirada en la cama, con la verga aún palpitante y el cuerpo sacudido por los últimos espasmos, sabiendo que en cinco minutos volverá a empezar todo de nuevo.