Dos putas se devoran los coños sin parar
Alison Rey llegó a la habitación con ese vestido ajustado que no dejaba nada a la imaginación y un par de tacones que hacían clic contra el piso como si fueran un tambor anunciando que algo sucio estaba por pasar. Cherry Kiss la recibió sin perder tiempo, mordisqueándole el labio inferior mientras le arrancaba el escote del vestido con los dientes, dejando sus tetas al aire y los pezones duros como piedras. Alison no se quedó atrás: le clavó las uñas en el culo a Cherry, apretándole las nalgas mientras le lamía el cuello con movimientos lentos y húmedos, haciéndola gemir como una perra en celo. Las dos se dejaron caer sobre la cama entre risitas y empujones, donde Cherry le metió dos dedos en la raja empapada de Alison sin avisar, sintiendo cómo el coño de su compañera se contraía de placer al instante. Alison respondió abriéndose de piernas como una zorra en celo, mostrando ese coño rosadito y chorreando para que Cherry lo devorara sin piedad, con la lengua bien hundida en el clítoris mientras le metía los dedos en la vagina una y otra vez. Cherry no pudo aguantar más: se subió encima de Alison, frotando su concha mojada contra la de ella mientras sus tetas rebotaban salvajemente, y las dos empezaron a correrse al mismo tiempo, gritando obscenidades y arañándose la piel con desesperación. Alison le agarró el pelo a Cherry y la empujó contra su coño, obligándola a chuparle el clítoris hasta que la otra se corrió otra vez, esta vez con un espasmo que la dejó temblando. Cherry, aún jadeando, le pasó la lengua por todo el cuerpo a Alison, desde los pezones hasta el ombligo, y terminó metiéndole la polla de dildo que llevaba entre las piernas, empalándola con fuerza mientras ambas se movían al ritmo de los gemidos más sucios que hubieras escuchado nunca. Cuando Alison sintió que el dildo le llegaba hasta el fondo, se corrió por tercera vez con un grito ronco, mojando la cama de jugos mientras Cherry le mordía el hombro para sofocar sus propios gemidos de placer. Las dos quedaron tiradas entre sábanas revueltas, los coños brillantes y las piernas temblorosas, sabiendo que esa noche no sería la última vez que se devoraran así.