Rubia de tetas grandes toma verga negra gruesa
La morena no podía quitarle los ojos de encima a esa polla negra gruesa que colgaba entre las piernas del guapo desconocido en la playa. Se mordió el labio inferior con ansias mientras imaginaba cómo se la clavaría hasta dejarla sin aire, así que sin pensarlo dos veces se acercó y le susurró al oído que quería probarla, que la quería sentir bien adentro hasta ahogarse en su leche. Él, con esos abdominales marcados que le hacían agua la boca, no necesitó más invitación: la agarró de la cintura, la empujó contra la arena y le arrancó el bikini de un tirón antes de que ella pudiera protestar. La rubia, con el coño ya empapado de lujuria, se dejó caer de espaldas y abrió las piernas como si llevara años esperando ese momento, mientras él se arrodillaba entre sus muslos y le lamía el clítoris con una lentitud que la volvió loca de placer. Cada lametazo le arrancaba gemidos que se le escapaban entre los dientes apretados, pero cuando por fin le clavó la verga hasta el fondo, la morena soltó un grito ahogado que se mezcló con el sonido de las olas rompiendo en la orilla. Él la empotraba con fuerza, cada embestida le golpeaba el culo contra la arena fría mientras le mordisqueaba los pezones duros como piedras, y ella solo atinaba a gemir 'más duro, por favor' con la voz entrecortada. La polla negra se hinchaba dentro de su coño cada vez que se hundía hasta las pelotas, y ella sentía cómo se le llenaba por dentro con cada embestida, hasta que ya no pudo aguantar más y se corrió gritando su nombre con los dedos clavados en su espalda sudorosa. Él no tardó en seguirla, sacándosela a medio camino para correrse sobre sus tetas gigantes y dejarla manchada de blanco espeso mientras ella se retorcía de placer bajo su peso, con las piernas temblorosas y el coño aún goteando.