Niara la putita se empala entre dos pollas con risitas
Niara llegó al set con esa sonrisa pícara que siempre le da cuando sabe que la van a dejar como una perra en celo, el coño ya le goteaba por los muslos y los pezones le apuntaban como balas bajo el sujetador de encaje negro. El primer cabrón que la recibe ni siquiera le da tiempo a quitarle las bragas de encaje antes de clavarle la polla hasta las pelotas, ella suelta un gemido gutural que le recorre la garganta mientras se agarra con uñas a sus hombros llenos de tatuajes. La otra verga no tarda en tomar su turno, esta vez Niara se la traga entera hasta tocarle la garganta, los ojos se le inundan de lágrimas pero no para de mover la lengua en círculos mientras le acaricia los huevos con los dedos, cada trago profundo le hace babear como una cerda en celo. Entre risitas y jadeos les pide que la empalen más fuerte, el culo le arde de solo pensarlo pero no puede evitar empinarse para ofrecerlo, los dos cabrones se turnan para destrozarle el ano con embestidas salvajes que le hacen gritar de dolor y placer al mismo tiempo. El coño le late con desesperación, los jugos le resbalan por las piernas mientras se corre sin pudor, el primer chorro de leche le sale disparado como una fuente y hasta el suelo queda manchado de su propio flujo. Uno de ellos le agarra la cabeza para que no se mueva mientras le revienta el culo a fondo, cada embestida le hace ver estrellas y le deja el agujero bien abierto, la polla entra y sale sin piedad hasta que ella empieza a soltar babas y a temblar como una epilepsia. El segundo le coge las tetas para empujarla contra el colchón mientras le mete la verga por la boca hasta el fondo, Niara se la come con desesperación, los labios le quedan pintados de su propia corrida y le chorrea la barbilla mientras no para de gemir como una perra en celo. Los dos se corren al mismo tiempo, uno le llena la boca de leche espesa que ella se traga sin dudar, el otro le revienta el culo hasta dejarle el agujero gapeado y baboso, los dos chorros le caen por las piernas mientras sigue jadeando y riendo como una loca. Al final ni siquiera puede mantenerse en pie, el cuerpo le tiembla de los orgasmos y el coño y el culo le escuecen como si la hubieran azotado con un látigo, pero sigue riendo mientras se limpia la boca con el dorso de la mano y les guiña un ojo pidiendo más.