Lucía no pudo aguantar más y se lanzó sobre él
Lucía llevaba días mordiéndose los labios cada vez que lo veía pasar, su polla marcándose bajo esos jeans ajustados, sus miradas robadas en el ascensor, el calor que le subía por el cuello cuando sus manos se rozaban por accidente. Hoy no hubo accidente: lo empujó contra la pared del pasillo, sus dedos ya desabrochando su cinturón antes de que él pudiera reaccionar. Mi coño estaba tan mojado que sus dedos resbalaron al meterlos, pero no me importó, solo quería sentirlo dentro, duro y grueso, llenándome de una vez. Lo monté como una loca, mis tetas rebotando contra su pecho, sus manos apretando mis nalgas para clavarme más hondo, hasta que sus gemidos se volvieron roncos y su polla empezó a latir dentro de mí. Me corrí gritando, mis uñas dejándole marcas en la espalda, y cuando él se vino, su leche caliente me manchó los muslos. Ahora solo queda mi tanga roto en el suelo, la mancha de su corrida secándose en mi piel.